Periódicamente se realizan las auditorías de certificación y seguimiento relacionadas con la norma ISO 9000:2000 y GLOBALGAP en almacén, donde se verifica el grado de cumplimiento de la norma.


En los últimos años, la idea de producir ajos de buena calidad, enfocada en el consumidor final  se ha ido consolidando, teniendo la etapa de cultivo una importancia decisiva.

La calidad está fundamentalmente definida por la apariencia del producto; ésta posee tres componentes: el tamaño del bulbo (considerando conjuntamente diámetro ecuatorial y peso), el color de las hojas envolventes del bulbo y bulbillos, y la presencia de defectos en los mismos, ya sean estos de tipo morfológico, físico, fisiológico, patológico o entomológico. Un cuarto componente a tener en cuenta en un futuro cercano será la composición química del producto, dada la tendencia creciente en el mundo a valorar al ajo por su contenido en ciertos compuestos de acción benéfica sobre la salud.


Los procesos que directamente afectan la calidad en la producción de ajo son los conjuntos de prácticas que, desde el inicio del cultivo hasta la llegada del producto al mercado, participan en el desarrollo del proceso global; esto es la elección de la semilla, la preparación del terreno, la plantación, la fertilización, el riego, el control de malezas y enfermedades, la cosecha, el “curado” (desecado de las hojas que envuelven el bulbo), el almacenamiento, el empaque y el transporte.

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